Preparé la cena y esperé a que él llegue.
Era miércoles, y los miércoles siempre venía.
Dejé sobre la mesa un vino tinto a medio abrir y encendí cuatro velas blancas que daban una luz suave al mantel celeste.
Escuché las llaves en la puerta, entró con su sonrisa inmensa, caminó hasta mí, me rodeó la cintura con sus manos enormes y beso mis labios con esa suavidad que me gusta y me conmueve.
Dejó su saco sobre el diván negro del living y arremangó las mangas de su camisa mientras entraba a la cocina. “Qué bien huele” susurró sobre mi cuello rodeándome con un brazo.
Mi piel sintió su boca y dejé caer mis manos al costado de mi cuerpo.
Soltó mi pelo, marcó con un dedo el contorno de mi cintura y tomó mis manos para ponerlas sobre el mármol frío de la mesada.
Lo sentía detrás de mí, con su aliento agitado en mi nuca. Comenzó despacio a subirme la falda y yo cada vez menos escuchaba el hervor de la olla donde se cocinaba la salsa. Con un movimiento brusco me giró y me subió a la mesada, con mis piernas rodeé su cuerpo y con sus dientes me desprendía cada botón de la blusa. Despeinaba su cabello con furia y arañaba su espalda sintiendo su pecho tibio sobre el mío. Tomó entre sus dedos la crema que yo había preparado para el postre y la pasó por mis labios para que luego se la lleve su lengua.
Yo quise más, entonces pasé la crema por mis pechos y mientras lo cuento siento el calor y la humedad de su boca sobre ellos.
Arranqué el cinto de sus jeans y los bajé hasta sus rodillas con la punta de mis zapatos.
Ya sus manos no alcanzaban para tocarme, y mi boca comenzó a pedirle más y más y cada vez más.
Y lo siento adentro mío y nos miramos infinitamente y sonreímos y me besa y lo abrazo.
No hay eternidad que se parezca al efímero instante en que me mira y da su último suspiro. Lomo con salsa de champignon y frutillas sin crema para el postre.
Recuerdo que aquella noche me dijo que no había probado nada igual.
jueves, 1 de julio de 2010
miércoles, 13 de febrero de 2008
San Valetín

Siempre fui fantasiosa. Y sabía que ese día podía suceder algo distinto.
Llegaría a casa y el me esperaría con la mesa puesta y velas de color azul.
La cena a punto y deliciosa cocinada por el mismo.
La televisión apagada y una música suave.
El estaría vestido elegante y con ese perfume que le regalé.
El sabe sobre mis sueños de princesa y también sabe que quiero que venga a rescatarme de las manos de los malvados y huyamos juntos hacia una pradera verde llena de flores rosadas y amarillas.
Habría un vino dulce también, como su boca.
Al terminar la cena me tomaría la mano y me llevaría al balcón, donde habría preparado antes de que yo llegue a casa, una mesa hermosa con jazmines y un espumante con dos copas de cristal.
Me taparía los ojos con un pañuelo de seda negro y al sacármelo vería en el medio de la calle unos mariachis cantando para mi y un pasacalle luminoso donde se leería “Cásate conmigo”.
E inmediatamente el sacaría de su bolsillo una cajita dorada con dos anillos de oro blanco y nuestros nombres gravados en ellos.
Los mariachis tocarían una balada romántica y comenzaríamos a bailar mirándonos a los ojos, totalmente enamorados.
Y como el sabe tanto de mi, como final traería una copa helada en forma de corazón.
El me conoce tanto que ya sé que hoy puede suceder algo… Por eso antes de llegar a casa le mando un mensaje de texto para que se prepare.
Pongo la llave en la puerta y ya siento ese vértigo en la panza…
El sale de la habitación en calzones, me da una sonrisa y un beso. Miro el balcón y enseguida recuerdo que no tenemos balcón porque vivimos en un departamento interno. El perfume que llevaba puesto era el desodorante de esta mañana. Las únicas velas que había eran las del cajón de la cocina que usamos cuando se corta la luz. La cena estaba cruda esperando por mí. La música de fondo era la televisión. El único cartel luminoso que encontré fue la factura de luz que vence mañana.
Entonces su voz grave sonó y lo supe, si… definitivamente hoy pasaba algo.
“Hoy juega San Lorenzo, tengo hambre. ¿Qué te vas a cocinar de rico?”.
No pude contestarle… Solo lo miré y pensé que tal vez sería en otra oportunidad lo de los mariachis.
De todas formas lo sigo viendo más hermoso que nunca. Y debo recordar que yo lo elegí así.
Si no hubiesen inventado el día de los enamorados, hoy no hubiese fantaseado tanto.
Llegaría a casa y el me esperaría con la mesa puesta y velas de color azul.
La cena a punto y deliciosa cocinada por el mismo.
La televisión apagada y una música suave.
El estaría vestido elegante y con ese perfume que le regalé.
El sabe sobre mis sueños de princesa y también sabe que quiero que venga a rescatarme de las manos de los malvados y huyamos juntos hacia una pradera verde llena de flores rosadas y amarillas.
Habría un vino dulce también, como su boca.
Al terminar la cena me tomaría la mano y me llevaría al balcón, donde habría preparado antes de que yo llegue a casa, una mesa hermosa con jazmines y un espumante con dos copas de cristal.
Me taparía los ojos con un pañuelo de seda negro y al sacármelo vería en el medio de la calle unos mariachis cantando para mi y un pasacalle luminoso donde se leería “Cásate conmigo”.
E inmediatamente el sacaría de su bolsillo una cajita dorada con dos anillos de oro blanco y nuestros nombres gravados en ellos.
Los mariachis tocarían una balada romántica y comenzaríamos a bailar mirándonos a los ojos, totalmente enamorados.
Y como el sabe tanto de mi, como final traería una copa helada en forma de corazón.
El me conoce tanto que ya sé que hoy puede suceder algo… Por eso antes de llegar a casa le mando un mensaje de texto para que se prepare.
Pongo la llave en la puerta y ya siento ese vértigo en la panza…
El sale de la habitación en calzones, me da una sonrisa y un beso. Miro el balcón y enseguida recuerdo que no tenemos balcón porque vivimos en un departamento interno. El perfume que llevaba puesto era el desodorante de esta mañana. Las únicas velas que había eran las del cajón de la cocina que usamos cuando se corta la luz. La cena estaba cruda esperando por mí. La música de fondo era la televisión. El único cartel luminoso que encontré fue la factura de luz que vence mañana.
Entonces su voz grave sonó y lo supe, si… definitivamente hoy pasaba algo.
“Hoy juega San Lorenzo, tengo hambre. ¿Qué te vas a cocinar de rico?”.
No pude contestarle… Solo lo miré y pensé que tal vez sería en otra oportunidad lo de los mariachis.
De todas formas lo sigo viendo más hermoso que nunca. Y debo recordar que yo lo elegí así.
Si no hubiesen inventado el día de los enamorados, hoy no hubiese fantaseado tanto.
sábado, 22 de diciembre de 2007
Que se yo...

Mirando mi vida por encima de mi hombro, veo que la lucha fue una actividad constante. Sé que no siempre jugué limpio, sé que a alguien habré traicionado sin querer o queriéndolo… No lo sé.
Pero aún no existe la persona que pueda decirme que bajé los brazos, que no lo intenté, que no lo soñé…
Creo que si me gusta tanto la soledad es porque ella siempre fue leal conmigo, fue la única y privilegiada testigo de mis esfuerzos, logros y fracasos.
Sé que soy fuerte, pero en días como hoy me siento algo cansada y me seduce la idea de dejar de poner el pecho a cada cosa y tomar una postura más artificial.
Yo se amar a un hombre de la manera mas sana y simple. Sé defender a la gente que quiero y cuidar de ella. Lo que nunca aprendí fue salvarme a mí, defenderme a mí y cuidar de mí.
Tal vez fue porque creí que alguien haría ese trabajo, pero cuando te ven tan fuerte y tan grande y tan poderosa y tan irrompible… creen que no necesitas atención, porque nada te hace mal, nada te hiere, nada te golpea el corazón.
Pero nada tarda muchos años en llegar y mi calma está llegando; y viene un poco triste y desilusionada.
Tal vez mañana despierte repitiendo por lo bajo: “Empecemos de nuevo”.
O tal vez grite un adiós que llame la atención de alguien.
No lo sé, nunca se sabe conmigo.
Pero aún no existe la persona que pueda decirme que bajé los brazos, que no lo intenté, que no lo soñé…
Creo que si me gusta tanto la soledad es porque ella siempre fue leal conmigo, fue la única y privilegiada testigo de mis esfuerzos, logros y fracasos.
Sé que soy fuerte, pero en días como hoy me siento algo cansada y me seduce la idea de dejar de poner el pecho a cada cosa y tomar una postura más artificial.
Yo se amar a un hombre de la manera mas sana y simple. Sé defender a la gente que quiero y cuidar de ella. Lo que nunca aprendí fue salvarme a mí, defenderme a mí y cuidar de mí.
Tal vez fue porque creí que alguien haría ese trabajo, pero cuando te ven tan fuerte y tan grande y tan poderosa y tan irrompible… creen que no necesitas atención, porque nada te hace mal, nada te hiere, nada te golpea el corazón.
Pero nada tarda muchos años en llegar y mi calma está llegando; y viene un poco triste y desilusionada.
Tal vez mañana despierte repitiendo por lo bajo: “Empecemos de nuevo”.
O tal vez grite un adiós que llame la atención de alguien.
No lo sé, nunca se sabe conmigo.
lunes, 3 de diciembre de 2007
Como Antes
Como aquellas antiguas noches de invierno, cuando asomada a la ventana de mi cuarto imaginaba mil maneras diferentes para mi destino.
Pasaba largas horas repitiendo esa canción que tanto me gustaba.
Fabricaba sueños y creaba colores nuevos.
Como aquellas antiguas noches de invierno, hoy estoy acá, masticando la melancolía de un pasado no muy lejano, y sintiendo el vértigo de un nuevo destino.
Me sorprendo al verme conmovida por las mismas cosas de antes... Jazmines y velas azules en mi cuarto.
Una declaración de amor.
Un poema hecho para mis ojos.
Un adiós.
Un corazón abierto.
Su foto llena de humedad en mi pared...
Hoy sin ir mas lejos, paso por mi puerta el aroma de su recuerdo, dejando la sensación fría del olvido...
cuantas lagrimas se derramaron por mis mejillas al no poder recordar su mirada.
De donde vendrá esta indecisión de no saber como seguir...
Tantos caminos se abren delante de mí, que no sé cuál me hará sentir menos dolor al dejar este presente tan incierto.
En algún momento de esta historia, no sé cuando fue, crecí de golpe esperando ver la realidad de mis sueños de niña.
Me pregunto si abre perdido tal vez mi inocencia.
Me pregunto si, quizás, ya estoy sintiendo miedo...
Como en aquellas antiguas noche de invierno, vuelvo a fabricar colores y salgo a buscarte otra vez.
Pasaba largas horas repitiendo esa canción que tanto me gustaba.
Fabricaba sueños y creaba colores nuevos.
Como aquellas antiguas noches de invierno, hoy estoy acá, masticando la melancolía de un pasado no muy lejano, y sintiendo el vértigo de un nuevo destino.
Me sorprendo al verme conmovida por las mismas cosas de antes... Jazmines y velas azules en mi cuarto.
Una declaración de amor.
Un poema hecho para mis ojos.
Un adiós.
Un corazón abierto.
Su foto llena de humedad en mi pared...
Hoy sin ir mas lejos, paso por mi puerta el aroma de su recuerdo, dejando la sensación fría del olvido...
cuantas lagrimas se derramaron por mis mejillas al no poder recordar su mirada.
De donde vendrá esta indecisión de no saber como seguir...
Tantos caminos se abren delante de mí, que no sé cuál me hará sentir menos dolor al dejar este presente tan incierto.
En algún momento de esta historia, no sé cuando fue, crecí de golpe esperando ver la realidad de mis sueños de niña.
Me pregunto si abre perdido tal vez mi inocencia.
Me pregunto si, quizás, ya estoy sintiendo miedo...
Como en aquellas antiguas noche de invierno, vuelvo a fabricar colores y salgo a buscarte otra vez.
Recuerdos
Cada segundo, cada minuto que vivo, voy recolectando momentos para mi memoria. Instantes y situaciones que seguro recordaré cuando mi melancolía se despierte en el momento menos pensado. Hoy es un día gris, este invierno no quiere soltarle la mano al otoño y todos los días se vuelven perfectos para tomarse unos minutos de tristeza. Lo sabía, esta mañana cuando desperté lo supe. Sabía que tarde o temprano iba a dejar de reprocharte todo y comenzaría a recordarte bien. Tal vez dejé que quererte… Cuando el sentimiento del rencor se duerme, y uno mira hacia atrás con media sonrisa y el eco de una mirada lejana no duele tanto, es que quizás llego el perdón. Y cuando llega el perdón, es porque ya no nos interesa. Recordar a quién ultrajó nuestro corazón y no querer que se le desplome el cielo encima, es una señal de nuestro éxito personal. Porque pudimos superar el engaño y el dolor. Pudimos olvidar las noches eternas y frías de soledad. Pudimos secarnos el llanto y ponernos de pié. Yo tuve mi éxito personal. Te perdoné tanto que hasta me dio pena hacerlo. Si hasta quise volver a maltratar tu recuerdo con tal de no ver tu ego destruido. Pero una vez me dijiste que no podías esperar nada, que la vida seguía y no podías quedarte. Entonces yo no paré de correr… corrí tanto que alcancé mis propios sueños y superé mis propias metas. Por eso en días como hoy, cuando mi pasado mas reciente golpea mi ventana, le hago creer que pudo sacudir mis recuerdos, y cuando se va por donde vino le sonrío de costado y sigo caminando. No hace mal tener memoria, solo hay que saber jugar entre la delgada línea que hay entre un recuerdo que nos enseñe a cambiar, y un recuerdo que atormente nuestro destino.
Cinco Estrofas De Amor
Había atravesado todas las locuras posibles. Había canjeado mi destino por cinco estrofas de amor escritas en el aire. Todo podía ser verdad. O no. Pero al ver mi vida desprendida de mi cuerpo sobre sus manos fuertes y firmes, supe que ya no tenía opción. Solo yo sé todas las tardes que pasé asomada al balcón, con la carita mojada y la ilusión apretada entre mis manos. Desde otoño a verano. Cada estación conoció mi pena. Quizás el jamás supo que en su palabra tenía el poder inmenso de manejar mis ideas y mis decisiones, tenía mi corazón hipnotizado bajo su mirada. Cual es el límite entre el amor y la locura? Como se puede notar la diferencia entre la felicidad y el dolor? Hasta dónde pueden llegar los derechos del otro sobre nuestra debilidad? Sé que nunca voy a volver a tener esas sensaciones, pero tampoco las quiero. Luego de una pelea sin tregua entre mi corazón y mi cabeza, decidí dejarlo todo. Y me fui, si. Me fui corriendo rápido para que el arrepentimiento no me alcance. Lloré una de cada noche que pasé en la soledad mas oscura que jamás había conocido. Pero lloré más cuando vi que su vida no había cambiado con mi partida. El tiempo pasó y yo me repuse. Le di un cambio completo a mi vida y pude volver a reírme. Algunas noches pienso en él… pero ya no le regalo una sola lágrima. Ya no hay mañanas que despierte murmurando su nombre. Solo me queda el recuerdo. En cambio me contaron que el se sienta cada tarde en el balcón que era mío, esperando que yo llegue con cinco estrofas de amor a cambiar su destino.
viernes, 30 de noviembre de 2007
Ahí vamos
Moverse forma parte de vivir… Un día alguien me dijo esa frase y no hice más que escribirla con rush en el espejo de mi cuarto.
Hay gente que no se olvida jamás y comprendí que la nostalgia es la tristeza de saber que no podemos volver a vivir un recuerdo.
Miro hacia atrás y veo mi vida… que aún es corta y sin embargo hubo años que parecieron eternos.
Siempre fui muy melancólica y tengo esa maldita tendencia de añorar lo que ya sucedió.
Volver a tener una cena con mis padres y mis hermanos, por ejemplo.
Jugar al elástico.
Sentir la humedad del primer beso que me dieron.
Volver a tener mi primera traición, que fue la más liviana de todas.
Llamarlo solo para escuchar su voz y cortar.
Faltar al colegio sin que sepa mamá.
Mirar desde arriba a mi hermana y verla pequeña, siempre pequeña.
Sentir la protección de mi hermano mayor.
Volver a creer en esas cosas que me hacían tan feliz…
Ir al odontólogo con papá y desear que ese día no haya ido el doctor.
Ver una vez más esos ojos que morían de amor.
Las flores que todavía guardo dentro de una caja.
Fumar a escondidas.
Volver borracha a casa del brazo de una amiga.
Esperarlo una vez más para revivir el encuentro.
Usar toda la artillería para lograr su amor.
Pasar diez veces por la puerta de su casa y que parezca casual.
Esperar el sábado para ponerme espléndida y bailar cerca para que me vea.
El día que mi hermano se fue de casa.
La noche que ví a mi hermana fumada.
El día que supe que mi familia podía vivir sin mí.
Moverse forma parte de vivir. Por eso ya me voy, para empezar a añorar este preciso momento dentro de algunos años
Hay gente que no se olvida jamás y comprendí que la nostalgia es la tristeza de saber que no podemos volver a vivir un recuerdo.
Miro hacia atrás y veo mi vida… que aún es corta y sin embargo hubo años que parecieron eternos.
Siempre fui muy melancólica y tengo esa maldita tendencia de añorar lo que ya sucedió.
Volver a tener una cena con mis padres y mis hermanos, por ejemplo.
Jugar al elástico.
Sentir la humedad del primer beso que me dieron.
Volver a tener mi primera traición, que fue la más liviana de todas.
Llamarlo solo para escuchar su voz y cortar.
Faltar al colegio sin que sepa mamá.
Mirar desde arriba a mi hermana y verla pequeña, siempre pequeña.
Sentir la protección de mi hermano mayor.
Volver a creer en esas cosas que me hacían tan feliz…
Ir al odontólogo con papá y desear que ese día no haya ido el doctor.
Ver una vez más esos ojos que morían de amor.
Las flores que todavía guardo dentro de una caja.
Fumar a escondidas.
Volver borracha a casa del brazo de una amiga.
Esperarlo una vez más para revivir el encuentro.
Usar toda la artillería para lograr su amor.
Pasar diez veces por la puerta de su casa y que parezca casual.
Esperar el sábado para ponerme espléndida y bailar cerca para que me vea.
El día que mi hermano se fue de casa.
La noche que ví a mi hermana fumada.
El día que supe que mi familia podía vivir sin mí.
Moverse forma parte de vivir. Por eso ya me voy, para empezar a añorar este preciso momento dentro de algunos años
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