lunes, 24 de febrero de 2025

Adolescencia

 Cuando tenemos hijos pequeños, los cuidamos de todo, es nuestra responsabilidad elegir su comida, su lugar de juegos, su ropa, su pediatra, el salón para festejar sus cumpleaños, su corte de pelo y hasta sus juguetes. 


A medida que van creciendo se van formando barreras, dónde ya no se nos permite pasar, claro que una se las ingenia para transgredir y seguir decidiendo sobre algunos temas. Pero las barreras cada vez son más y se vuelven inviolables.


Y ahí es cuando entendés la frase "los hijos son de la vida". 


Que poco duró no? 


Pensar que te parecía eterno el momento de la dormida cantándole todo un repertorio de canciones de cuna... Viste que no era tanto?


No había nada más hermoso que ver su carita cuando lo ibas a buscar al Cole y te sonreía porque vos eras lo mejor que le pasaba en el día. 


Y tus tortas de cumpleaños eran las mejores, para ellos eras una pastelera profesional. 


Todas las preguntas que te hacían tenían respuesta pronta y te miraban como si fueses Einstein.


Eras más inteligente, más fuerte y más poderosa que la mujer maravilla. 


No había ninguna mamá mejor que vos, porque lo podías todo. Eras hermosa, joven, gigante, eras su lugar a salvo del mundo. 


Hasta te fastidiaba un poco cuando estaban tan pegados a vos todo el día. 


Ellos te tomaban de la mano para cruzar y desde abajo te miraban sintiendo que estaban cruzando la calle con la persona más importante del mundo, porque no solo ellos te veían así, ellos sentían que la gente te veía así también. 


Ni hablar de ayudarlos con las tareas del Cole, te veían como una enciclopedia. 


Te acordás lo que te costó que aprenda a andar en bici? Y te acordás lo que te dolió cuando por fin lo logró y ya no te necesitó? 


Bueno...


Algo así es cuando crecen. 


No sentís dolor porque crecen, lo que mas  te duele es que  ya no podés cuidarlos. 


Y te pones feliz si te preguntan algo del Cole y automáticamente te sentís vacía de conocimiento cuando no podes responder una simple pregunta de tercer año. Pero te las ingenias y lo googleas... Y ellos, sin sentir culpa por lastimarte te contestan "para sacarlo de internet, dejá que lo hago yo ma".


Se van en bici al colegio, a la casa de un amigo y vos solo contas las avenidas que cruza y le pedís con vergüenza que te avise cuando llega. 


La ropa que vos compras les da "Cringe".


Si le haces muchas preguntas te volves "Gede" y cuando te cuenta del examen te arroja un "el profe nos hizo preguntas random". Y vos te quedas pensando  si Random fue una batalla de la segunda guerra mundial. 


Y cuando querés entablar una charla y le contas algo de tu adolescencia, te responden "Dato".


Los vas a buscar al colegio y tenés que quedarte lo más lejos posible de la puerta y si podés hacer de cuenta que sos un remis, mejor. 


Y si bañarlos te parecía una tarea imposible, tratá de sacarte una foto con ellos y si por fin lo logras, primero tienen que chequear y luego vas a necesitar un consentimiento informado por ellos para poder subirla a las redes. 


La música que vos escuchas es "Turbia", sabías?


Duele, duele tanto sentir que son personas independientes. 


Duele dejar de ser su persona favorita, su heroína. 


Duele saber que  descubrieron todas tus falencias y errores. 


Duele que ahora disfruten más pasar tiempo con sus amigos que con vos.


Duele que le digan a otra persona "sos lo mejor que me pasó en la vida"...


Pero si todo eso duele, es porque sucede y si sucede es porque lo estamos haciendo bien. 


Por eso, si estás viviendo ésta etapa de tus hijos, disfrutala, vivila, sentila... Porque al igual que la etapa de niñez, esta también se va a terminar.

jueves, 2 de mayo de 2024

El papá de Francisco

 

Había una silla, una mesa con un bonito mantel azul y un exhibidor bastante coqueto donde reposaban delicadamente mis libros.
La gente pasaba y pasaba y no dejaba de pasar nunca.
Claro, estaba en la feria del libro y por primera vez yo presentaba mi obra.
Entre los stands de Borges, Benedetti, Cortazar y tantos otros maestros de la literatura, estaba mi humilde puesto, esperando por alguien que se atreva a comprarme algún ejemplar.
Era el primer día de la feria y en mi cabeza no dejaba de sonar la voz de mis mas cercanos afectos diciendome “Vamos a estar todos acompañandote en el lanzamiento de tu libro”. Entonces pensé que seguramente les pasé mal la fecha, ya que en mi puestito estaban mis libros y yo. Al mismo tiempo recordé la frase eterna de mi madre diciendo “siempre escribiendo pavadas, siempre escribiendo”.
Sentada y mas dura que rulo de estatua, yo seguía ahí esperando, cuando alguien dijo “La Mirada De Chinasky” . Eran las manitos arrugadas de un viejito con bastón, que se sacó los lentes y alejó el libro de su vista para poder leer el título. Se sonrió y solo me dijo “elegiste muy bien”. La Mirada De Chinasky era el título de mi libro. Chinasky era el nombre de ficción que usaba un escritor para contar sus historias y que nadie sepa que se trataba de él mismo. No sé por qué elegí ese título que nada tenía que ver con mi primer libro de relatos cortos; supongo tal vez, que traté de usar la misma estrategia que Bukowsky.
Habían pasado ya tres horas en esa maldita feria hasta que un pequeño de cinco o seis años, se acercó para convertirse en el primer comprador de mi primer libro. Traía el dinero apretado en su mano chiquita y sin hablar me señaló el libro.
“Estas seguro que lo querés comprar?” le pregunté con un leve ataque de pánico.
“Si”. Dijo con un tono seguro y vi que en su otra mano sostenía un helado de chocolate que se derretía rápido y lograba manchar su camisa celeste.
Le pregunté si quería que se lo firme, dijo que si con la cabeza.
Le pregunté su nombre y dijo “Francisco, pero me mandó mi papá a comprarlo, así que pone para Juan”.
Al mismo momento que escuché el nombre del papá, levanté la mirada y, efectivamente, estaba Juan.
Juan había sido mi novio por cinco largos años. Y si había algo que Juan detestaba, eran mis eternos silencios cuando me sentaba a escribir. Dieciocho años teníamos y vivíamos el amor como si fuese el fin del mundo. Era esa edad donde uno piensa que puede morir de amor. Los dos creíamos que después de nosotros no podría existir un sentimiento mas grande. Hasta que un día todo terminó y me llevó dos años olvidarlo.
Pero ahí estaba Juan con su hijo, mirándome con los ojos húmedos y llenos de memoria. Solo dijo que estaba orgulloso de mí, mientras tocaba disimuladamente mi mano cuando le daba el libro.
“Para mi pasado mas inocente” le escribí.
Tomó de la mano a Francisco y se fueron juntos perdiéndose entre la gente.
Cuando se acercó, pude notar que seguía usando el mismo perfume. Cuando lo miré al irse, supe que separarnos fue lo mejor que nos pasó. De lo contrario yo no estaría aca sentada y el no estaría caminando de la mano con Francisco.

miércoles, 4 de octubre de 2023

Espejo

 

Me miré en el espejo y me vi. Reconocí los ojos que te buscaron una vez y recordé la locura con que te amé.

No había mejor momento del día que tu llegada, te abrazaba y eso solucionaba todo.

Soñé mi vida con vos, programé, proyecté, planifiqué. Sentía que no te merecía.

Muchos de mis anhelos, si, míos, porque nunca fueron nuestros, se cumplieron y hasta llegué a sentir culpa de ser tan feliz.

Podías llevarme con los ojos vendados hasta el fin del mundo, porque confiaba en tus pasos.

Tuviste el poder de mi amor, algo tan sagrado y tan noble como eso y no lo supiste valorar.

Tomaste mi corazón, lo rompiste contra el piso y ahora soy yo la culpable de esta lejanía; esta lejanía tan cercana que me deja sin palabras, sin poder decirte que aún tenes ese poder, porque tenes en tus manos la herramienta para cambiar el destino de los dos y te quedas inmóvil mirando como la vida pasa.

Éramos la envidia sana de los que nos querían y hoy se preguntan donde estamos.

Ganamos y perdimos tanto, lo tuvimos todo, fuimos hasta la cima y hasta el mas oscuro fondo. Sé que si no hubieses estado en los peores momentos, todo me hubiese costado el doble. Pero fuiste mi montaña rusa de emociones y siempre la traición duele mas.

Siento que no te debo nada, porque te lo quedaste todo, mi alegría, mi humor, mi fuerza… me fuiste apagando tanto que ya no me reconoces. Pero la que está acá, hablándote, es la misma que estaba dispuesta a todo, solo que hoy está cansada.

Duele que hayas cancelado mi corazón, pero mas duele saber que teniendo todo para cambiar la realidad de hoy, elegís tu manera egoísta de quedarte en el mismo lugar de siempre.

 

sábado, 25 de febrero de 2023

Besos en la Frente


Estás, siempre estás. Y de la manera mas egoísta me guardo tu imagen sin compartirla con nadie.

Fuimos uno. Fue tu mano fundida en la mía, fue el aroma que me dejaste en la piel. Si vieras la alegría que siento cada vez que te nombro, porque tu nombre me ilumina los días.

Nadie entiende por qué te recuerdo con tanta esperanza si me dejaste tan rápido, si te fuiste de golpe, sin avisar.

Tal vez sea porque tengo la certeza que mañana voy a verte y podremos abrazarnos como la ultima vez.

No me importa donde estes, solo quiero que sepas que sigo en mismo lugar, esperándote siempre. Que no te guardo rencor por dejarme, que no te culpo por ninguna de mis lágrimas, que el vacío enorme que tengo en el alma, lo lleno con el recuerdo de todos los besos que te dí.

Y si canto, es en tu honor. Y si bailo es para que me veas feliz. Y si lloro es porque a veces me siento tan vulnerable, pero saber que tuvimos una historia de amor única y real, me hace poner de pie y empezar a correr, y corro, rápido, veloz, sin pausa, creyendo que voy a alcanzarte.

miércoles, 20 de julio de 2022

Sin aviso

                                                                                 
 

Sin aviso previo y sin tocar la puerta, aparecen esos aromas que me llevan a recordar dolores hermosos, lágrimas felices y abandonos dulces.

Sin decir nada, vuelvo a sentir esa espera alegre y melancólica.

Dejar caer mi cintura en tus manos fue la experiencia kamikaze más extrema y vertiginosa a la que me enfrenté. Y me enfrenté fuerte y segura, conociendo el final siempre y sintiéndome totalmente desahuciada.

 Pero te seguía esperando siempre, aunque en cada regreso, volvías a irte.

Sin aviso previo y sin pedir permiso, volves a hundirte en mi perfume mostrando esa locura que me hacía pensar que esos minutos valían la pena.

Sin miedo a nada, vuelvo a ponerme linda por si te encuentro, enjuago mi boca de otros sabores y cierro los ojos por si pensas besarme.

Mi cuello se estira esperando tus labios y vuelvo a rezar para que no te vayas, aunque mi espalda se va acomodando al frío del vacío que vas a dejar en la cama, una vez más.

Me miro en el espejo repitiendo cien veces “no debo” mientras borro tu nombre escrito con rojo, el mismo rojo que te gustaba para mi boca.

Sin que nadie lo sepa vuelvo a tener el circo de sensaciones que me daba tu cercanía y tu mano acariciando mi pelo cuando me quedaba dormida en tu pecho.

Sin aviso previo y sin pedir permiso, volves a irte, como te fuiste siempre y tal vez esa era tu magia. Te ibas dejando jazmines para que todos sepan que estuviste.

Sin avisarte y en silencio, la que se va ahora soy yo, imaginando que vas a salir a buscarme apenas comience a llover.    

lunes, 7 de junio de 2021

YO

 

Es raro, pero a media mañana me encuentro sola en casa, no sucede siempre y ahora me doy cuenta cuanto necesito mi soledad.

Para pensar, para analizar, para registrar lo que está pasando. Para decidir. Para aceptar. Para negar.

No soy la misma de antes, tuve la capacidad de enfrentar el cambio sin sentir miedo, o sin tener tiempo para sentirlo.

Me siento enorme, se que ya no dependo de nadie para salir adelante, ya nadie me hace feliz, nadie me hace reír, nadie me mata de amor… Entendí que soy la única que puede generar todas esas sensaciones, y si uso a alguien de canal, mejor, sino me río igual, soy feliz igual y camino igual.

De haber entendido esto mucho antes, tal vez, hubiese sido todo distinto. Creo que


haber atravesado tantas pérdidas me ateflonó el corazón.

Siento que ya no voy a morir por amor, pienso que ya no me pondré nerviosa por verlo llegar, ni me pondré el vestido que lo volvía loco.

Suena muy ególatra pero siento que el premio soy yo y hay que luchar fuerte para merecerme.

No soy consuelo de nadie, ni de mi misma.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Elegir

Hoy recordaba cuando pasaba mi tiempo eligiéndote a vos.
Elegía tus pocas palabras y tus silencios.
Elegía tu quietud.
Elegía tus ganas de quedarte encerrado conmigo.
Recuerdo que agradecía al tiempo por haber vuelto a encontrarte.
Hoy recordaba cuando elegía minuciosamente mi ropa interior para motivarte aún más.
Elegía la cena que mas te guste y no había una sola noche que no elija dormir abrazándote.
Un día, no se cuando pasó, dejé de elegirte.
Deje de elegir tus manos como refugio. Mi cintura dejó de elegir tus brazos.
Tu silencio dejó de ser elegido en mis oídos y tu encierro dejó de importarme para elegirlo.
Un día pensé que te alertarías y agitarías el abismo que había entre los dos. Pero nunca elegiste sufrir por mí.
Seguiste adelante con todo, tal vez imaginaste que jamás me sentiría agotada.
Te amé tanto. Te seguí tanto. Era tan feliz con vos.
Tal vez nunca nada te costó un poco de esfuerzo.
Ni yo.



domingo, 4 de agosto de 2013

Días

Mas de una vez me han dicho que haga terapia, que me haría bien.
Claro que como buena tozuda que soy, jamás empecé.
Pero en días como hoy lo pienso, cuando no encuentro el motivo de mi molesto mal humor mezclado con angustia;  y me encierro en mi propio cuerpo, con mis piernas dobladas al pecho y mis brazos rodeándome.
Intento llorar. Eso siempre  funcionó para calmarme y seguir.
Pero esta vez no.  O ya no tengo el tiempo que solía tener.
Definitivamente hay algo que no me deja en paz.
No soy esa clase de mujer que dice con el pecho inflado “Yo digo todo lo que pienso y siento”. No, la verdad que no es así. En verdad no conozco a nadie que lo haga, nunca escuché a ninguno diciendo “Che, chino de mierda, no apagues las heladeras a la noche, la puta que te parió, chino”, pero todos nos quejamos de lo mismo.
Yo tampoco digo siempre lo que me pasa, mas de una vez he mentido diciendo “Si, si, de verdad, está todo bien”.
Y entonces no sé de qué me quejo si no abro la boca en el momento que debo hacerlo, no?
A veces me pregunto si te volvería elegir…
Hay días en que digo que si.
Hay días, como hoy, en los que dudo.
Simplemente, hay momentos en los que me siento cansada, defraudada, desilusionada,  desganada, vencida y harta.
Y se que mañana me voy a levantar mejor, y tal vez lea esto y me ría…
Hasta que vuelva a sentir lo mismo que siento ahora y tenga ganas de irme lejos otra vez…


lunes, 19 de marzo de 2012

Solicitud

Casi por algo naturalmente cronológico, todos los ex, vuelven luego de un año.

Cuando ya tenés todo bajo control, cuando por fin pudiste tirar ese osito de peluche que él te había reglado, de repente, tenes una nueva solicitud de amistad en Facebook.

¿Qué hago? Pensás. No da tener un ex en Facebook.

“Bueno, lo admito, le miro todas las fotos y lo elimino” No, tampoco, porque la leyenda “fulana de tal ahora es amiga de Juan Pérez” seguro te trae millones de cuestionamientos de tu pareja actual y ni que hablar de tus amigas que te bancaron 6 meses llorando por el.

Entonces, como en una película en blanco y negro, te vienen todos los momentos del fin de esa relación.

Sábado por la noche, te preparas para festejar dos años y cinco meses juntos. Te pasa a buscar y ya con cara extraña te dice: “Cenamos en un lugar tranqui, dale?”.

Una vez en la mesa, no dijo una palabra y como buena mujer le preguntás

- ¿Qué te pasa gordo?

-Nada

-Dale, algo te pasa

-No, nada.

-Si, estas raro, algo te pasa.

-No, no me pasa nada, quedate tranquila.

-Bueno, pero seguro seguro seguro que no te pasa nada no?

-Seguro.

Piden la cena, el postre, el café… y mientras va revolviendo con la cucharita y mirando su taza, te tira un “tenemos que hablar”.

Bueno! Te acomodas mejor en la silla y lo mirás fijo estrujando en tu mano derecha la servilleta.

“No estoy bien, necesito un tiempo, no te estoy dejando, pero necesito estar unos días sin vernos para saber que me pasa realmente, vos no tenes nada que ver, soy yo”.

Ah bueno, desde los quince años que nadie te pedía un tiempo, ya no se usa pedir tiempo, tarado! “No sos vos, soy yo” Qué dice? Usa frases hechas, cagón!

Pero como vos ya sos adulta, decidís darle su espacio y no llamarlo por unos días.

A la mañana siguiente abrís el Messenger y lo ves en línea. Enseguida te ponés un estado tipo “¡Qué lindo día!” o “salida con las chicaaaaaas”.

No te importa nada, pensás en menos de cinco minutos te aparece una ventanita que dice: Juan Pérez dice: Hola.

Pero nada, pasó más de dos horas, el reventado sigue en línea y nada.

Pasan tres días, ya te sabes de memoria todas las canciones de Sin Bandera y Camila.

Vas a trabajar y te imaginas que te va a esperar en la puerta. Nada che.

Reunión urgente de amigas, necesitas que te digan que va a volver, te dan concejos. “llamalo, dejalo, ignoralo, eliminalo del Messenger, andá a buscarlo a la casa, hablá con la madre” Y a vos nada te convence.

Entonces, a los 18 días, te plantás y decidís ir a buscarlo al trabajo, listo, hablas, solucionas todo y chau.

Estás a punto caramelo, entangada, pintada, perfumada, depilada. No te parás justo en la puerta para no asustarlo, entonces te paras enfrente. Son las seis en punto, ya sale. Y ahí lo ves… Qué bueno que está, estos días sin verlo lo pusieron mas lindo parece. Y esa forma de caminar… solo pensás en agarrarlo y que te parta en ocho. Vas hacia la esquina para cruzar y no le despegas la mirada. De repente lo ves fundirse en un abrazo con una mujer, le da un beso que le saca dos premolares. Ella tiene diez años menos que vos, cinco kilos menos, un culo divino, un pelo hasta la cintura, unas tetas balcón increíbles. Te querés matar. Ahí está la razón de su malestar. Te da media vuelta y te vas, antes te metes en el culo el maquillaje, el perfume y los 60 pesos que te cobraron del cavado completo. Lloras, lloras, lloras y mandas mensaje en cadena a tus amigas “al hijo de puta le agarró el viejazo, lo vi con una pendeja que se parte, me voy a casa a tomarme un fernet puro y sin hielo”

Ya en tu casa, con la pintura corrida, borracha y llorando todavía. Lo llamás.

-Hola Juan.

-Ah, hola, cómo estás?

-Cómo carajo se supone que tengo que estar pedazo de forro?

-No sé, decime.

-Te fui a buscar hoy al trabajo y te vi con esa puta de mierda, como carajo te crees que estoy?

-Pero nosotros nos estamos más juntos.

-Y en que momento me avisaste? Me pediste unos días, pasaron 18 y ya estás con otra!

-Se llama Mariana.

-Ah! Se llama Mariana la conchuda esa! Y Mariana sabe que YO existo?

-Mirá, con Maru estamos juntos hace seis meses, yo te lo quise decir, pero…

-Pero que? Me estas cargando? Sos un cagón! Me pediste tiempo, forro! Y yo como una pelotuda me quede esperando que me llames!

-Tenés razón, perdoname, pero lo nuestro ya no daba para mas.

-Pero, Juan, yo nunca me enteré que no daba para más, ay! Que pelotudo sos Juan!

-Tengo que cortar, disculpame.

-No me cortes Juan… Juan no me cortes! Juan? Juan? Juan!

Pedazo de hijo de re mil puta te cortó!

Y sentís que se te viene el mundo abajo. No la remontás con nada.

Volvés a la solicitud de amistad, mirás la foto de perfil, sigue tan bueno como antes.

Y decidís. Te cuesta pero tomás la decisión.

Te sentís radiante, fuerte, irresistible e inolvidable.

Nunca antes un simple click te hizo sentir tan bien.

“Ignorar solicitud”.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Diario de una Madre

Unos de los anhelos de cualquier mujer es convertirse en madre. Siempre nos imaginamos ese momento mágico donde nos enteramos que estamos embarazadas y nos inventamos una panza con un almohadón y nos miramos de perfil en el espejo… Si, lo común es que sea un momento mágico…

Entonces llega un día donde tenés un atraso y decidís ir a la farmacia para comprarte un test; Con tu mejor cara de tonta, lo pedís como si fuese un momento súper normal para vos. Y desde el instante en que lo compraste hasta que llegas a tu casa, pensás las mil y una formas de decírselo al padre.

La caja dice: “Aguarde 5 minutos y observe el resultado”

¡¡¡¡¡¡Nooooo!!!! Son los cinco minutos más largos de toda tu vida; entonces pensás: “Bueno, mientras me preparo un mate, pongo un lavarropas y saco la basura”.

Cuando terminaste de hacer todo eso, mirás el reloj y pasaron tres minutos. Nunca fuiste tan rápida para las tareas del hogar.

Entonces primero lo miras de lejos, con un solo ojo y tratando de adivinar; hasta que tomás valor y mirás las dos rayitas mas significativas de tu vida. Estás embarazada.

¡Te sentís esplendida! Querés que te salga la panza ya mismo y que te den el asiento en el colectivo, pero no. La panza te sale después del cuarto mes y no te ven embarazada, te ven gorda y no solo que no te dan el asiento, sino que tampoco te dicen cosas por la calle como antes. Antes te molestaban las groserías y ahora pasas 10 veces por el mismo bar donde paran los amigos de Moyano a ver si alguno te grita una barrabasada… pero no.

Y mientras, tu mamá, tu suegra, tus amigas, tus tías, las amigas de tus tías, el chino del súper y tu vecina del cuarto piso, adivinan el sexo del bebe y te hacen hacer todo tipo de payasadas. Te sentaron sobre una cuchara, te tocaron la panza para ver la forma, te pusieron un anillo con una cinta sobre la palma de la mano, te hicieron hacer fondo blanco con vinagre de manzana; “Te pusiste mas linda, es un varón” te dicen… “ah mira, te pusiste mas cuadrada, es una nena”.

¿Cuadrada????? Cuadrada tu hermana, flaca ¿qué carajo me decís? ¿Que engordé mucho????

Y ya tu carácter dulce y tierno del embarazo te empieza a cambiar; por el séptimo mes ya engordaste más del doble y las rodillas se tornan insoportables, odias las escaleras y salís a comprarte zapatillas con abrojo porque los cordones ya te cortan la circulación.

Pero todo vale la pena, pensás. En pocas semanas vas a conocer a tu bebé.

Promediando el octavo mes, ya le pedís al padre que te alcance las cosas porque no te querés ni mover; y tu momento mas feliz es comiendo chocolate desparramada en el sillón, los dos juntitos, mirando tele. Hasta que en la pantalla aparece un señor CULO que nada tiene que ver con el tuyo que está por demás agrandado, y ves la mandíbula de tu marido que se va deslizando hasta el ombligo, mientras vos tenés la boca repleta de chocolate y en ese momento le decís:

“¿Que? ¿Te gusta tanto el culo de la conchuda esa? Seguro que lo tiene hecho porque no es real ese culo! Claro, a mi no me mirás porque estoy hecha un cerdo y lo único que pensás cuando me mirás es ponerme una manzana en la boca y comerme en noche buena!”

Y te vas llorando al cuarto, hasta que el va y te dice “No gorda, si yo te quiero a vos así como estás, estás hermosa” “No me digas gorda! ¿Ves? ¿Ves que me ves gorda???”

Ahí es cuando un amigo, al día siguiente le pregunta por vos y le dice: “ahí está, insoportable”.

Pero todo pasa, y por fin llega el día.

Cesárea. Chan!

No importa, pensás, la recuperación será más rápida seguro.

Y el momento más hermoso de tu vida, llega luego de caminar hasta el quirófano, en bolas con una bata que se te ve todo el orto y te corre un fresco que tenés ganas de mandar al carajo a la enfermera que con esa cara de pelotuda te va llevando.

Por fin, ya está… Te ponen a tu hijo en el pecho y es un momento inolvidable. Al segundo se lo lleva tu marido a neonatología, si, tu marido, ese que quedó sin estrías, ni celulitis, ni kilos de más, ese. Ese que lleva a TU hijo a una vitrina para que la familia lo vea y lloran todos y ninguno pregunta “¿y la mamá está bien?”

Te toca una habitación divina, más linda que la de tu casa.

Como es cesárea no podes hablar por 24 interminables horas.

Y en esas 24 horas vienen a visitarte TODOS y te preguntan:

¿Cómo estás?

¿Cómo fue el parto?

¿Le diste la teta ya?

¿Cuánto pesó?

¡Es la cara del padre!

Y vos lo único que podes responder es “mmm mmm mmm mmmm”

Que subtitulado sería: “Me siento como el culo, me duele todo, en el parto me vieron en pelotas 45 tipos, las tetas me están rebalsando y no se parece al padre, se parece a mi porque me lo merezco ok??? Gracias por venir, andá yendo que tengo que desgraciarme por orden de la obstetra y tengo 20 personas en la habitación y el único deseo en este momento es poder tirarme un pedo tranquila!!!!!”

Por fin llegás a tu casa, tu hijo llega por primera vez a su hogar. Todo es paz.

Primera noche, tres de la mañana, llora, tiene hambre, te levantás como podes y tratás de no hacer ruido para que el padre pueda descansar.

Llega la noche numero seis y sigue todo igual, solo que a tu marido ya lo mirás con el mayor odio del mundo y pensás “desgraciado levantate de una vez y ayudame la recalcada concha de la lora, la re putísima madre que te re contra re mil parió; te veo dormir y me dan ganas de saltarte encima con un tramontana en cada mano”.

De todas maneras ellos nunca se enteran que los maldecís todas las noches y con el correr de las semanas la bronca aminora bastante.

Ya van cinco meses. Te encontrás con alguien que no ves desde el día que nació tu hijo (si, era una de las personas que querías mandar al carajo en la clínica) y te dice “Che, cuesta adelgazar no?”

¡Nooo! ¡Noooooo! ¡Noooooooooo! No me podes decir eso flaca, me re cago de hambre todo el día y no bajé un gramo y todavía estoy buscando a todas las reventadas hijas de puta que me decían que dando la teta bajabas de peso enseguida!!!

Y nunca falta la que quedó embarazada en el mismo mes que vos y ya está divina usando los mismos jeans que antes.

Y ni hablar de la intimidad con tu marido; de casualidad encontraste el disfraz erótico que te pusiste una noche y lo volviste loco y tomás coraje y decís “Hoy me lo pongo”.

A la noche te vestís en el baño y pensás que vestida de enfermerita sexy lo matás, pero antes de salir chequeas en el espejo y lo que ves en un luchador de sumo! Entonces te lo sacas con toda la bronca y te ponés la túnica de siempre.

Pero todo pasa, todo vuelve a la normalidad, una vuelve a sentirse hermosa, mirada, deseada… Pero lo más importante, es que hay algo que te hace olvidar del parto, los puntos, la cesárea y los kilos… La mirada de tu hijo.

La conexión entre los dos es única.

Por eso, si ya lo pasaste, lo querés pasar, o lo estas pasando, simplemente disfrutalo.

jueves, 1 de julio de 2010

Cena Para Dos

Preparé la cena y esperé a que él llegue.
Era miércoles, y los miércoles siempre venía.
Dejé sobre la mesa un vino tinto a medio abrir y encendí cuatro velas blancas que daban una luz suave al mantel celeste.
Escuché las llaves en la puerta, entró con su sonrisa inmensa, caminó hasta mí, me rodeó la cintura con sus manos enormes y beso mis labios con esa suavidad que me gusta y me conmueve.
Dejó su saco sobre el diván negro del living y arremangó las mangas de su camisa mientras entraba a la cocina. “Qué bien huele” susurró sobre mi cuello rodeándome con un brazo.
Mi piel sintió su boca y dejé caer mis manos al costado de mi cuerpo.
Soltó mi pelo, marcó con un dedo el contorno de mi cintura y tomó mis manos para ponerlas sobre el mármol frío de la mesada.
Lo sentía detrás de mí, con su aliento agitado en mi nuca. Comenzó despacio a subirme la falda y yo cada vez menos escuchaba el hervor de la olla donde se cocinaba la salsa. Con un movimiento brusco me giró y me subió a la mesada, con mis piernas rodeé su cuerpo y con sus dientes me desprendía cada botón de la blusa. Despeinaba su cabello con furia y arañaba su espalda sintiendo su pecho tibio sobre el mío. Tomó entre sus dedos la crema que yo había preparado para el postre y la pasó por mis labios para que luego se la lleve su lengua.
Yo quise más, entonces pasé la crema por mis pechos y mientras lo cuento siento el calor y la humedad de su boca sobre ellos.
Arranqué el cinto de sus jeans y los bajé hasta sus rodillas con la punta de mis zapatos.
Ya sus manos no alcanzaban para tocarme, y mi boca comenzó a pedirle más y más y cada vez más.
Y lo siento adentro mío y nos miramos infinitamente y sonreímos y me besa y lo abrazo.
No hay eternidad que se parezca al efímero instante en que me mira y da su último suspiro. Lomo con salsa de champignon y frutillas sin crema para el postre.
Recuerdo que aquella noche me dijo que no había probado nada igual.

miércoles, 13 de febrero de 2008

San Valetín


Siempre fui fantasiosa. Y sabía que ese día podía suceder algo distinto.
Llegaría a casa y el me esperaría con la mesa puesta y velas de color azul.
La cena a punto y deliciosa cocinada por el mismo.
La televisión apagada y una música suave.
El estaría vestido elegante y con ese perfume que le regalé.
El sabe sobre mis sueños de princesa y también sabe que quiero que venga a rescatarme de las manos de los malvados y huyamos juntos hacia una pradera verde llena de flores rosadas y amarillas.
Habría un vino dulce también, como su boca.
Al terminar la cena me tomaría la mano y me llevaría al balcón, donde habría preparado antes de que yo llegue a casa, una mesa hermosa con jazmines y un espumante con dos copas de cristal.
Me taparía los ojos con un pañuelo de seda negro y al sacármelo vería en el medio de la calle unos mariachis cantando para mi y un pasacalle luminoso donde se leería “Cásate conmigo”.
E inmediatamente el sacaría de su bolsillo una cajita dorada con dos anillos de oro blanco y nuestros nombres gravados en ellos.
Los mariachis tocarían una balada romántica y comenzaríamos a bailar mirándonos a los ojos, totalmente enamorados.
Y como el sabe tanto de mi, como final traería una copa helada en forma de corazón.
El me conoce tanto que ya sé que hoy puede suceder algo… Por eso antes de llegar a casa le mando un mensaje de texto para que se prepare.
Pongo la llave en la puerta y ya siento ese vértigo en la panza…
El sale de la habitación en calzones, me da una sonrisa y un beso. Miro el balcón y enseguida recuerdo que no tenemos balcón porque vivimos en un departamento interno. El perfume que llevaba puesto era el desodorante de esta mañana. Las únicas velas que había eran las del cajón de la cocina que usamos cuando se corta la luz. La cena estaba cruda esperando por mí. La música de fondo era la televisión. El único cartel luminoso que encontré fue la factura de luz que vence mañana.
Entonces su voz grave sonó y lo supe, si… definitivamente hoy pasaba algo.
“Hoy juega San Lorenzo, tengo hambre. ¿Qué te vas a cocinar de rico?”.
No pude contestarle… Solo lo miré y pensé que tal vez sería en otra oportunidad lo de los mariachis.
De todas formas lo sigo viendo más hermoso que nunca. Y debo recordar que yo lo elegí así.
Si no hubiesen inventado el día de los enamorados, hoy no hubiese fantaseado tanto.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Que se yo...


Mirando mi vida por encima de mi hombro, veo que la lucha fue una actividad constante. Sé que no siempre jugué limpio, sé que a alguien habré traicionado sin querer o queriéndolo… No lo sé.
Pero aún no existe la persona que pueda decirme que bajé los brazos, que no lo intenté, que no lo soñé…
Creo que si me gusta tanto la soledad es porque ella siempre fue leal conmigo, fue la única y privilegiada testigo de mis esfuerzos, logros y fracasos.
Sé que soy fuerte, pero en días como hoy me siento algo cansada y me seduce la idea de dejar de poner el pecho a cada cosa y tomar una postura más artificial.
Yo se amar a un hombre de la manera mas sana y simple. Sé defender a la gente que quiero y cuidar de ella. Lo que nunca aprendí fue salvarme a mí, defenderme a mí y cuidar de mí.
Tal vez fue porque creí que alguien haría ese trabajo, pero cuando te ven tan fuerte y tan grande y tan poderosa y tan irrompible… creen que no necesitas atención, porque nada te hace mal, nada te hiere, nada te golpea el corazón.
Pero nada tarda muchos años en llegar y mi calma está llegando; y viene un poco triste y desilusionada.
Tal vez mañana despierte repitiendo por lo bajo: “Empecemos de nuevo”.
O tal vez grite un adiós que llame la atención de alguien.
No lo sé, nunca se sabe conmigo.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Como Antes

Como aquellas antiguas noches de invierno, cuando asomada a la ventana de mi cuarto imaginaba mil maneras diferentes para mi destino.
Pasaba largas horas repitiendo esa canción que tanto me gustaba.
Fabricaba sueños y creaba colores nuevos.
Como aquellas antiguas noches de invierno, hoy estoy acá, masticando la melancolía de un pasado no muy lejano, y sintiendo el vértigo de un nuevo destino.
Me sorprendo al verme conmovida por las mismas cosas de antes... Jazmines y velas azules en mi cuarto.
Una declaración de amor.
Un poema hecho para mis ojos.
Un adiós.
Un corazón abierto.
Su foto llena de humedad en mi pared...
Hoy sin ir mas lejos, paso por mi puerta el aroma de su recuerdo, dejando la sensación fría del olvido...
cuantas lagrimas se derramaron por mis mejillas al no poder recordar su mirada.
De donde vendrá esta indecisión de no saber como seguir...
Tantos caminos se abren delante de mí, que no sé cuál me hará sentir menos dolor al dejar este presente tan incierto.
En algún momento de esta historia, no sé cuando fue, crecí de golpe esperando ver la realidad de mis sueños de niña.
Me pregunto si abre perdido tal vez mi inocencia.
Me pregunto si, quizás, ya estoy sintiendo miedo...
Como en aquellas antiguas noche de invierno, vuelvo a fabricar colores y salgo a buscarte otra vez.

Recuerdos

Cada segundo, cada minuto que vivo, voy recolectando momentos para mi memoria. Instantes y situaciones que seguro recordaré cuando mi melancolía se despierte en el momento menos pensado. Hoy es un día gris, este invierno no quiere soltarle la mano al otoño y todos los días se vuelven perfectos para tomarse unos minutos de tristeza. Lo sabía, esta mañana cuando desperté lo supe. Sabía que tarde o temprano iba a dejar de reprocharte todo y comenzaría a recordarte bien. Tal vez dejé que quererte… Cuando el sentimiento del rencor se duerme, y uno mira hacia atrás con media sonrisa y el eco de una mirada lejana no duele tanto, es que quizás llego el perdón. Y cuando llega el perdón, es porque ya no nos interesa. Recordar a quién ultrajó nuestro corazón y no querer que se le desplome el cielo encima, es una señal de nuestro éxito personal. Porque pudimos superar el engaño y el dolor. Pudimos olvidar las noches eternas y frías de soledad. Pudimos secarnos el llanto y ponernos de pié. Yo tuve mi éxito personal. Te perdoné tanto que hasta me dio pena hacerlo. Si hasta quise volver a maltratar tu recuerdo con tal de no ver tu ego destruido. Pero una vez me dijiste que no podías esperar nada, que la vida seguía y no podías quedarte. Entonces yo no paré de correr… corrí tanto que alcancé mis propios sueños y superé mis propias metas. Por eso en días como hoy, cuando mi pasado mas reciente golpea mi ventana, le hago creer que pudo sacudir mis recuerdos, y cuando se va por donde vino le sonrío de costado y sigo caminando. No hace mal tener memoria, solo hay que saber jugar entre la delgada línea que hay entre un recuerdo que nos enseñe a cambiar, y un recuerdo que atormente nuestro destino.

Cinco Estrofas De Amor

Había atravesado todas las locuras posibles. Había canjeado mi destino por cinco estrofas de amor escritas en el aire. Todo podía ser verdad. O no. Pero al ver mi vida desprendida de mi cuerpo sobre sus manos fuertes y firmes, supe que ya no tenía opción. Solo yo sé todas las tardes que pasé asomada al balcón, con la carita mojada y la ilusión apretada entre mis manos. Desde otoño a verano. Cada estación conoció mi pena. Quizás el jamás supo que en su palabra tenía el poder inmenso de manejar mis ideas y mis decisiones, tenía mi corazón hipnotizado bajo su mirada. Cual es el límite entre el amor y la locura? Como se puede notar la diferencia entre la felicidad y el dolor? Hasta dónde pueden llegar los derechos del otro sobre nuestra debilidad? Sé que nunca voy a volver a tener esas sensaciones, pero tampoco las quiero. Luego de una pelea sin tregua entre mi corazón y mi cabeza, decidí dejarlo todo. Y me fui, si. Me fui corriendo rápido para que el arrepentimiento no me alcance. Lloré una de cada noche que pasé en la soledad mas oscura que jamás había conocido. Pero lloré más cuando vi que su vida no había cambiado con mi partida. El tiempo pasó y yo me repuse. Le di un cambio completo a mi vida y pude volver a reírme. Algunas noches pienso en él… pero ya no le regalo una sola lágrima. Ya no hay mañanas que despierte murmurando su nombre. Solo me queda el recuerdo. En cambio me contaron que el se sienta cada tarde en el balcón que era mío, esperando que yo llegue con cinco estrofas de amor a cambiar su destino.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Ahí vamos

Moverse forma parte de vivir… Un día alguien me dijo esa frase y no hice más que escribirla con rush en el espejo de mi cuarto.
Hay gente que no se olvida jamás y comprendí que la nostalgia es la tristeza de saber que no podemos volver a vivir un recuerdo.
Miro hacia atrás y veo mi vida… que aún es corta y sin embargo hubo años que parecieron eternos.
Siempre fui muy melancólica y tengo esa maldita tendencia de añorar lo que ya sucedió.
Volver a tener una cena con mis padres y mis hermanos, por ejemplo.
Jugar al elástico.
Sentir la humedad del primer beso que me dieron.
Volver a tener mi primera traición, que fue la más liviana de todas.
Llamarlo solo para escuchar su voz y cortar.
Faltar al colegio sin que sepa mamá.
Mirar desde arriba a mi hermana y verla pequeña, siempre pequeña.
Sentir la protección de mi hermano mayor.
Volver a creer en esas cosas que me hacían tan feliz…
Ir al odontólogo con papá y desear que ese día no haya ido el doctor.
Ver una vez más esos ojos que morían de amor.
Las flores que todavía guardo dentro de una caja.
Fumar a escondidas.
Volver borracha a casa del brazo de una amiga.
Esperarlo una vez más para revivir el encuentro.
Usar toda la artillería para lograr su amor.
Pasar diez veces por la puerta de su casa y que parezca casual.
Esperar el sábado para ponerme espléndida y bailar cerca para que me vea.
El día que mi hermano se fue de casa.
La noche que ví a mi hermana fumada.
El día que supe que mi familia podía vivir sin mí.
Moverse forma parte de vivir. Por eso ya me voy, para empezar a añorar este preciso momento dentro de algunos años

lunes, 29 de octubre de 2007

Una Tarde Como Todas


Es una tarde como la de ayer, como puede ser la de mañana. Pero por alguna razón, ésta cae lenta y pesada. Hay algo en el ambiente que provoca que el sol tarde en bajar y que los recuerdos se vuelvan en cámara lenta. Miro a través de la ventana de mi oficina como el frío apresura el paso de la gente. Así pasan cinco, diez, quince minutos con la mirada fija en la nada sin poder concertarme en mi trabajo. De repente escucho como un eco lejano y confuso, una voz que me cuestiona y me pregunta algo que no entiendo de que se trata. Sacudo mi cabeza con un golpe seco y veo la corbata amarilla con vivos rojos que lleva puesta mi jefe. Algo más arriba me encuentro con su ceño levantado y esperando aquello que hace dos días me pidió y aún no lo terminé. Su gesto demuestra una interminable paciencia frente a mis vuelos mentales. A veces creo que me lee el pensamiento o simplemente me ha tomado mucho afecto. Una taza colmada de café negro y amargo, puede sacarme de mi autismo…pienso. Entonces camino hacia la máquina, deposito unas monedas y el intenso calor del café derramado sobre mi mano, me avisa que debo poner una taza. Vuelvo a mi escritorio caminando despacio y sin sacar la vista de la cuchara con la cual voy dibujando círculos sin sentido en mi café. Linda blusa, me dice mi compañera al pasar por su lado. Que blusa? Como olvidarlo… ésta fue la blusa que él me manchó con crema aquella vez que fuimos a cenar… Que rápido encontré la respuesta. Era él y la canción que escuché ésta mañana, lo que no me dejó en paz todo el día. Ayer sin ir más lejos, la tarde pasó mucho más rápida y recuerdo contarle a mi amiga por teléfono, la manera en que lo había sacado de mi vida y de mis pensamientos. Es una tarde como la de ayer, solo que hoy se sentó a mi lado la presencia que dejó tu ausencia.

Una Mañana


Apure mi café, tome mi abrigo y busque las llaves que nunca encuentro cuando estoy apurada por salir. El sol alumbraba de costado y la calle tenia ese frío aroma a nuevo, como si alguien hubiese limpiado el asfalto de toda huella. Claro, es otra mañana, otro día muy distinto al de ayer. Lleve mis manos heladas a los bolsillos tibios de mi saco y comencé a caminar. Me cruzo con gente que no puedo dejar de observar y sus caras me llaman la atención. El señor mayor que saca a pasear a su perro. La señora que valdea su vereda. El puesto de revistas que aun tiene la luz prendida. Niños que van a la escuela con la marca de la almohada en sus caritas. Pero todos tienen la misma expresión en el rostro, llevan la mirada encendida, como esperando algo, como sabiendo que algo va a sucederles hoy. Y con esa misma mirada que por las noches ya no se desvía del piso, apresurando su llegada a casa con los hombros encogidos y algo de mal humor. Por que la gente espera solo por la mañana y por la noche se resigna? No supe respondérmelo. Seguí caminando y me sorprendí sonriendo sola; claro, había pasado por mi mente el sabor de tu ultimo beso que supo borrar el gusto del café amargo que deje por la mitad sobre la mesa de la cocina. Recordar que tus ojos forman parte de mi vida, me saco un poco el frío y comencé a murmurar la canción que te gusta. La media hora que dura el viaje hasta mi trabajo, pareció un minuto porque no te fuiste de mi pensamiento. Los días son tan breves desde que volviste, que no me alcanza el tiempo para darte todos los besos que no te di en todos estos años. Que me importa el frío de la noche si se que voy a meterme entre el sol de tus brazos. Que importa hasta donde llevas mi imaginación. Son más de las ocho de la mañana, llego tarde hoy. Apuro mi café, tomo mi abrigo y salgo a la calle buscando tu recuerdo otra vez.

Un Día Agitado

Después de una día agitado, uno de esos días donde te levantas cansado y en tu vestidor y no encontrás nada que te guste.
Y salís a la calle con los minutos contados y te miras en el reflejo de una vidriera y volvés a maldecir la ropa que elegiste y esos kilos de mas que se ven ahora con el comienzo la primavera.
Esos días donde reparas el paso del tiempo cuando en vez de mirar a un joven que va a la escuela, desviás la mirada hacia el padre.
Uno de esos días en que llegas al trabajo y querés asesinar a tu compañero que te da los buenos días con una sonrisa.
Y tu jefe te recuerda los trabajos que hiciste mal.
Y la hora para volver a casa no llega más.
Y nunca falta un llamado del banco que te avisa que tu cuenta está en rojo.
Y lees en las noticias que tu equipo de fútbol hace meses no gana.
Y a mitad del día te llama tu madre para que no olvides el cumpleaños de una tía que no soportas.
Y organizas una salida de amigos y te das cuenta que la única persona que está disponible todos los días y a cualquier hora, sos vos, porque los demás ya tienen su familia y sus hijos y el colegio de sus hijos.
Entonces recordas tus fracasos y te preguntás que hiciste mal.
Fue un día agitado para mí.
Vuelvo a casa ya cuando el sol no se ve y me choco con la mirada del hombre que hoy me quita el sueño.
Y recuerdo, otra vez, que hace un tiempo me di otra oportunidad de cambiarlo todo.
Y lo escucho reír mientras me cuenta algo.
Y besa mi cuello mientras le preparo la cena.
Y lo miro sin escucharlo y pienso que si esta vez no resulta, ya no quiero mas nada.
Él está exento de cada cosa que pasa por mi cabeza.
Por suerte ya esta lista la comida, le preparé unas pastas exquisitas.
No sentamos a la mesa y el sonriendo me dice "Odio las pastas".
Con mi mejor cara me levanto a buscar algún imán de algun delivery en la heladera.
Llega la comida, bajo a buscarla y al chico de la moto no le avisaron que pago con 100, subo a buscar cambio y no tengo cambio. Así que bajé otra vez a decirle que se vaya.
Seguro tengo milanesas en el freezer, pienso. Pero no, obvio, no podía correr con esa suerte hoy.
Mejor me voy a dormir temprano, así termino con ese maldito día.
Cuando termino de acomodar la cabeza en la almohada, recuerdo que dejé a mi novio en el comedor mirando la final del Milan-Barcelona, sin comer, claro.