martes, 27 de agosto de 2013

Soltame gil

Y siempre que creo que te olvidé, vuelven los jazmines de mierda con su perfume impoluto a baño de mina que vive sola... Sola como vos me dejabas cada fin de semana, asomada al puto balcón que daba a la esquina que nunca te traía hasta mi cama. Cama que te extrañaba cada noche y pensaba que eras el último Fernet de toda Córdoba.
No me quedé para vestir santos, sabelo infeliz.
Sos la tercer mujer de mi vida, me decías.
Hoy soy primera y única.
Soltame de una buena vez, dejá de buscarme, googlearme, facebookearme, twitearme y wikipedearme.
Soltame, que para mi vida te volviste un collar de melones que no me deja respirar.


domingo, 4 de agosto de 2013

Días

Mas de una vez me han dicho que haga terapia, que me haría bien.
Claro que como buena tozuda que soy, jamás empecé.
Pero en días como hoy lo pienso, cuando no encuentro el motivo de mi molesto mal humor mezclado con angustia;  y me encierro en mi propio cuerpo, con mis piernas dobladas al pecho y mis brazos rodeándome.
Intento llorar. Eso siempre  funcionó para calmarme y seguir.
Pero esta vez no.  O ya no tengo el tiempo que solía tener.
Definitivamente hay algo que no me deja en paz.
No soy esa clase de mujer que dice con el pecho inflado “Yo digo todo lo que pienso y siento”. No, la verdad que no es así. En verdad no conozco a nadie que lo haga, nunca escuché a ninguno diciendo “Che, chino de mierda, no apagues las heladeras a la noche, la puta que te parió, chino”, pero todos nos quejamos de lo mismo.
Yo tampoco digo siempre lo que me pasa, mas de una vez he mentido diciendo “Si, si, de verdad, está todo bien”.
Y entonces no sé de qué me quejo si no abro la boca en el momento que debo hacerlo, no?
A veces me pregunto si te volvería elegir…
Hay días en que digo que si.
Hay días, como hoy, en los que dudo.
Simplemente, hay momentos en los que me siento cansada, defraudada, desilusionada,  desganada, vencida y harta.
Y se que mañana me voy a levantar mejor, y tal vez lea esto y me ría…
Hasta que vuelva a sentir lo mismo que siento ahora y tenga ganas de irme lejos otra vez…


lunes, 19 de marzo de 2012

Solicitud

Casi por algo naturalmente cronológico, todos los ex, vuelven luego de un año.

Cuando ya tenés todo bajo control, cuando por fin pudiste tirar ese osito de peluche que él te había reglado, de repente, tenes una nueva solicitud de amistad en Facebook.

¿Qué hago? Pensás. No da tener un ex en Facebook.

“Bueno, lo admito, le miro todas las fotos y lo elimino” No, tampoco, porque la leyenda “fulana de tal ahora es amiga de Juan Pérez” seguro te trae millones de cuestionamientos de tu pareja actual y ni que hablar de tus amigas que te bancaron 6 meses llorando por el.

Entonces, como en una película en blanco y negro, te vienen todos los momentos del fin de esa relación.

Sábado por la noche, te preparas para festejar dos años y cinco meses juntos. Te pasa a buscar y ya con cara extraña te dice: “Cenamos en un lugar tranqui, dale?”.

Una vez en la mesa, no dijo una palabra y como buena mujer le preguntás

- ¿Qué te pasa gordo?

-Nada

-Dale, algo te pasa

-No, nada.

-Si, estas raro, algo te pasa.

-No, no me pasa nada, quedate tranquila.

-Bueno, pero seguro seguro seguro que no te pasa nada no?

-Seguro.

Piden la cena, el postre, el café… y mientras va revolviendo con la cucharita y mirando su taza, te tira un “tenemos que hablar”.

Bueno! Te acomodas mejor en la silla y lo mirás fijo estrujando en tu mano derecha la servilleta.

“No estoy bien, necesito un tiempo, no te estoy dejando, pero necesito estar unos días sin vernos para saber que me pasa realmente, vos no tenes nada que ver, soy yo”.

Ah bueno, desde los quince años que nadie te pedía un tiempo, ya no se usa pedir tiempo, tarado! “No sos vos, soy yo” Qué dice? Usa frases hechas, cagón!

Pero como vos ya sos adulta, decidís darle su espacio y no llamarlo por unos días.

A la mañana siguiente abrís el Messenger y lo ves en línea. Enseguida te ponés un estado tipo “¡Qué lindo día!” o “salida con las chicaaaaaas”.

No te importa nada, pensás en menos de cinco minutos te aparece una ventanita que dice: Juan Pérez dice: Hola.

Pero nada, pasó más de dos horas, el reventado sigue en línea y nada.

Pasan tres días, ya te sabes de memoria todas las canciones de Sin Bandera y Camila.

Vas a trabajar y te imaginas que te va a esperar en la puerta. Nada che.

Reunión urgente de amigas, necesitas que te digan que va a volver, te dan concejos. “llamalo, dejalo, ignoralo, eliminalo del Messenger, andá a buscarlo a la casa, hablá con la madre” Y a vos nada te convence.

Entonces, a los 18 días, te plantás y decidís ir a buscarlo al trabajo, listo, hablas, solucionas todo y chau.

Estás a punto caramelo, entangada, pintada, perfumada, depilada. No te parás justo en la puerta para no asustarlo, entonces te paras enfrente. Son las seis en punto, ya sale. Y ahí lo ves… Qué bueno que está, estos días sin verlo lo pusieron mas lindo parece. Y esa forma de caminar… solo pensás en agarrarlo y que te parta en ocho. Vas hacia la esquina para cruzar y no le despegas la mirada. De repente lo ves fundirse en un abrazo con una mujer, le da un beso que le saca dos premolares. Ella tiene diez años menos que vos, cinco kilos menos, un culo divino, un pelo hasta la cintura, unas tetas balcón increíbles. Te querés matar. Ahí está la razón de su malestar. Te da media vuelta y te vas, antes te metes en el culo el maquillaje, el perfume y los 60 pesos que te cobraron del cavado completo. Lloras, lloras, lloras y mandas mensaje en cadena a tus amigas “al hijo de puta le agarró el viejazo, lo vi con una pendeja que se parte, me voy a casa a tomarme un fernet puro y sin hielo”

Ya en tu casa, con la pintura corrida, borracha y llorando todavía. Lo llamás.

-Hola Juan.

-Ah, hola, cómo estás?

-Cómo carajo se supone que tengo que estar pedazo de forro?

-No sé, decime.

-Te fui a buscar hoy al trabajo y te vi con esa puta de mierda, como carajo te crees que estoy?

-Pero nosotros nos estamos más juntos.

-Y en que momento me avisaste? Me pediste unos días, pasaron 18 y ya estás con otra!

-Se llama Mariana.

-Ah! Se llama Mariana la conchuda esa! Y Mariana sabe que YO existo?

-Mirá, con Maru estamos juntos hace seis meses, yo te lo quise decir, pero…

-Pero que? Me estas cargando? Sos un cagón! Me pediste tiempo, forro! Y yo como una pelotuda me quede esperando que me llames!

-Tenés razón, perdoname, pero lo nuestro ya no daba para mas.

-Pero, Juan, yo nunca me enteré que no daba para más, ay! Que pelotudo sos Juan!

-Tengo que cortar, disculpame.

-No me cortes Juan… Juan no me cortes! Juan? Juan? Juan!

Pedazo de hijo de re mil puta te cortó!

Y sentís que se te viene el mundo abajo. No la remontás con nada.

Volvés a la solicitud de amistad, mirás la foto de perfil, sigue tan bueno como antes.

Y decidís. Te cuesta pero tomás la decisión.

Te sentís radiante, fuerte, irresistible e inolvidable.

Nunca antes un simple click te hizo sentir tan bien.

“Ignorar solicitud”.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Diario de una Madre

Unos de los anhelos de cualquier mujer es convertirse en madre. Siempre nos imaginamos ese momento mágico donde nos enteramos que estamos embarazadas y nos inventamos una panza con un almohadón y nos miramos de perfil en el espejo… Si, lo común es que sea un momento mágico…

Entonces llega un día donde tenés un atraso y decidís ir a la farmacia para comprarte un test; Con tu mejor cara de tonta, lo pedís como si fuese un momento súper normal para vos. Y desde el instante en que lo compraste hasta que llegas a tu casa, pensás las mil y una formas de decírselo al padre.

La caja dice: “Aguarde 5 minutos y observe el resultado”

¡¡¡¡¡¡Nooooo!!!! Son los cinco minutos más largos de toda tu vida; entonces pensás: “Bueno, mientras me preparo un mate, pongo un lavarropas y saco la basura”.

Cuando terminaste de hacer todo eso, mirás el reloj y pasaron tres minutos. Nunca fuiste tan rápida para las tareas del hogar.

Entonces primero lo miras de lejos, con un solo ojo y tratando de adivinar; hasta que tomás valor y mirás las dos rayitas mas significativas de tu vida. Estás embarazada.

¡Te sentís esplendida! Querés que te salga la panza ya mismo y que te den el asiento en el colectivo, pero no. La panza te sale después del cuarto mes y no te ven embarazada, te ven gorda y no solo que no te dan el asiento, sino que tampoco te dicen cosas por la calle como antes. Antes te molestaban las groserías y ahora pasas 10 veces por el mismo bar donde paran los amigos de Moyano a ver si alguno te grita una barrabasada… pero no.

Y mientras, tu mamá, tu suegra, tus amigas, tus tías, las amigas de tus tías, el chino del súper y tu vecina del cuarto piso, adivinan el sexo del bebe y te hacen hacer todo tipo de payasadas. Te sentaron sobre una cuchara, te tocaron la panza para ver la forma, te pusieron un anillo con una cinta sobre la palma de la mano, te hicieron hacer fondo blanco con vinagre de manzana; “Te pusiste mas linda, es un varón” te dicen… “ah mira, te pusiste mas cuadrada, es una nena”.

¿Cuadrada????? Cuadrada tu hermana, flaca ¿qué carajo me decís? ¿Que engordé mucho????

Y ya tu carácter dulce y tierno del embarazo te empieza a cambiar; por el séptimo mes ya engordaste más del doble y las rodillas se tornan insoportables, odias las escaleras y salís a comprarte zapatillas con abrojo porque los cordones ya te cortan la circulación.

Pero todo vale la pena, pensás. En pocas semanas vas a conocer a tu bebé.

Promediando el octavo mes, ya le pedís al padre que te alcance las cosas porque no te querés ni mover; y tu momento mas feliz es comiendo chocolate desparramada en el sillón, los dos juntitos, mirando tele. Hasta que en la pantalla aparece un señor CULO que nada tiene que ver con el tuyo que está por demás agrandado, y ves la mandíbula de tu marido que se va deslizando hasta el ombligo, mientras vos tenés la boca repleta de chocolate y en ese momento le decís:

“¿Que? ¿Te gusta tanto el culo de la conchuda esa? Seguro que lo tiene hecho porque no es real ese culo! Claro, a mi no me mirás porque estoy hecha un cerdo y lo único que pensás cuando me mirás es ponerme una manzana en la boca y comerme en noche buena!”

Y te vas llorando al cuarto, hasta que el va y te dice “No gorda, si yo te quiero a vos así como estás, estás hermosa” “No me digas gorda! ¿Ves? ¿Ves que me ves gorda???”

Ahí es cuando un amigo, al día siguiente le pregunta por vos y le dice: “ahí está, insoportable”.

Pero todo pasa, y por fin llega el día.

Cesárea. Chan!

No importa, pensás, la recuperación será más rápida seguro.

Y el momento más hermoso de tu vida, llega luego de caminar hasta el quirófano, en bolas con una bata que se te ve todo el orto y te corre un fresco que tenés ganas de mandar al carajo a la enfermera que con esa cara de pelotuda te va llevando.

Por fin, ya está… Te ponen a tu hijo en el pecho y es un momento inolvidable. Al segundo se lo lleva tu marido a neonatología, si, tu marido, ese que quedó sin estrías, ni celulitis, ni kilos de más, ese. Ese que lleva a TU hijo a una vitrina para que la familia lo vea y lloran todos y ninguno pregunta “¿y la mamá está bien?”

Te toca una habitación divina, más linda que la de tu casa.

Como es cesárea no podes hablar por 24 interminables horas.

Y en esas 24 horas vienen a visitarte TODOS y te preguntan:

¿Cómo estás?

¿Cómo fue el parto?

¿Le diste la teta ya?

¿Cuánto pesó?

¡Es la cara del padre!

Y vos lo único que podes responder es “mmm mmm mmm mmmm”

Que subtitulado sería: “Me siento como el culo, me duele todo, en el parto me vieron en pelotas 45 tipos, las tetas me están rebalsando y no se parece al padre, se parece a mi porque me lo merezco ok??? Gracias por venir, andá yendo que tengo que desgraciarme por orden de la obstetra y tengo 20 personas en la habitación y el único deseo en este momento es poder tirarme un pedo tranquila!!!!!”

Por fin llegás a tu casa, tu hijo llega por primera vez a su hogar. Todo es paz.

Primera noche, tres de la mañana, llora, tiene hambre, te levantás como podes y tratás de no hacer ruido para que el padre pueda descansar.

Llega la noche numero seis y sigue todo igual, solo que a tu marido ya lo mirás con el mayor odio del mundo y pensás “desgraciado levantate de una vez y ayudame la recalcada concha de la lora, la re putísima madre que te re contra re mil parió; te veo dormir y me dan ganas de saltarte encima con un tramontana en cada mano”.

De todas maneras ellos nunca se enteran que los maldecís todas las noches y con el correr de las semanas la bronca aminora bastante.

Ya van cinco meses. Te encontrás con alguien que no ves desde el día que nació tu hijo (si, era una de las personas que querías mandar al carajo en la clínica) y te dice “Che, cuesta adelgazar no?”

¡Nooo! ¡Noooooo! ¡Noooooooooo! No me podes decir eso flaca, me re cago de hambre todo el día y no bajé un gramo y todavía estoy buscando a todas las reventadas hijas de puta que me decían que dando la teta bajabas de peso enseguida!!!

Y nunca falta la que quedó embarazada en el mismo mes que vos y ya está divina usando los mismos jeans que antes.

Y ni hablar de la intimidad con tu marido; de casualidad encontraste el disfraz erótico que te pusiste una noche y lo volviste loco y tomás coraje y decís “Hoy me lo pongo”.

A la noche te vestís en el baño y pensás que vestida de enfermerita sexy lo matás, pero antes de salir chequeas en el espejo y lo que ves en un luchador de sumo! Entonces te lo sacas con toda la bronca y te ponés la túnica de siempre.

Pero todo pasa, todo vuelve a la normalidad, una vuelve a sentirse hermosa, mirada, deseada… Pero lo más importante, es que hay algo que te hace olvidar del parto, los puntos, la cesárea y los kilos… La mirada de tu hijo.

La conexión entre los dos es única.

Por eso, si ya lo pasaste, lo querés pasar, o lo estas pasando, simplemente disfrutalo.

jueves, 1 de julio de 2010

Cena Para Dos

Preparé la cena y esperé a que él llegue.
Era miércoles, y los miércoles siempre venía.
Dejé sobre la mesa un vino tinto a medio abrir y encendí cuatro velas blancas que daban una luz suave al mantel celeste.
Escuché las llaves en la puerta, entró con su sonrisa inmensa, caminó hasta mí, me rodeó la cintura con sus manos enormes y beso mis labios con esa suavidad que me gusta y me conmueve.
Dejó su saco sobre el diván negro del living y arremangó las mangas de su camisa mientras entraba a la cocina. “Qué bien huele” susurró sobre mi cuello rodeándome con un brazo.
Mi piel sintió su boca y dejé caer mis manos al costado de mi cuerpo.
Soltó mi pelo, marcó con un dedo el contorno de mi cintura y tomó mis manos para ponerlas sobre el mármol frío de la mesada.
Lo sentía detrás de mí, con su aliento agitado en mi nuca. Comenzó despacio a subirme la falda y yo cada vez menos escuchaba el hervor de la olla donde se cocinaba la salsa. Con un movimiento brusco me giró y me subió a la mesada, con mis piernas rodeé su cuerpo y con sus dientes me desprendía cada botón de la blusa. Despeinaba su cabello con furia y arañaba su espalda sintiendo su pecho tibio sobre el mío. Tomó entre sus dedos la crema que yo había preparado para el postre y la pasó por mis labios para que luego se la lleve su lengua.
Yo quise más, entonces pasé la crema por mis pechos y mientras lo cuento siento el calor y la humedad de su boca sobre ellos.
Arranqué el cinto de sus jeans y los bajé hasta sus rodillas con la punta de mis zapatos.
Ya sus manos no alcanzaban para tocarme, y mi boca comenzó a pedirle más y más y cada vez más.
Y lo siento adentro mío y nos miramos infinitamente y sonreímos y me besa y lo abrazo.
No hay eternidad que se parezca al efímero instante en que me mira y da su último suspiro. Lomo con salsa de champignon y frutillas sin crema para el postre.
Recuerdo que aquella noche me dijo que no había probado nada igual.

miércoles, 13 de febrero de 2008

San Valetín


Siempre fui fantasiosa. Y sabía que ese día podía suceder algo distinto.
Llegaría a casa y el me esperaría con la mesa puesta y velas de color azul.
La cena a punto y deliciosa cocinada por el mismo.
La televisión apagada y una música suave.
El estaría vestido elegante y con ese perfume que le regalé.
El sabe sobre mis sueños de princesa y también sabe que quiero que venga a rescatarme de las manos de los malvados y huyamos juntos hacia una pradera verde llena de flores rosadas y amarillas.
Habría un vino dulce también, como su boca.
Al terminar la cena me tomaría la mano y me llevaría al balcón, donde habría preparado antes de que yo llegue a casa, una mesa hermosa con jazmines y un espumante con dos copas de cristal.
Me taparía los ojos con un pañuelo de seda negro y al sacármelo vería en el medio de la calle unos mariachis cantando para mi y un pasacalle luminoso donde se leería “Cásate conmigo”.
E inmediatamente el sacaría de su bolsillo una cajita dorada con dos anillos de oro blanco y nuestros nombres gravados en ellos.
Los mariachis tocarían una balada romántica y comenzaríamos a bailar mirándonos a los ojos, totalmente enamorados.
Y como el sabe tanto de mi, como final traería una copa helada en forma de corazón.
El me conoce tanto que ya sé que hoy puede suceder algo… Por eso antes de llegar a casa le mando un mensaje de texto para que se prepare.
Pongo la llave en la puerta y ya siento ese vértigo en la panza…
El sale de la habitación en calzones, me da una sonrisa y un beso. Miro el balcón y enseguida recuerdo que no tenemos balcón porque vivimos en un departamento interno. El perfume que llevaba puesto era el desodorante de esta mañana. Las únicas velas que había eran las del cajón de la cocina que usamos cuando se corta la luz. La cena estaba cruda esperando por mí. La música de fondo era la televisión. El único cartel luminoso que encontré fue la factura de luz que vence mañana.
Entonces su voz grave sonó y lo supe, si… definitivamente hoy pasaba algo.
“Hoy juega San Lorenzo, tengo hambre. ¿Qué te vas a cocinar de rico?”.
No pude contestarle… Solo lo miré y pensé que tal vez sería en otra oportunidad lo de los mariachis.
De todas formas lo sigo viendo más hermoso que nunca. Y debo recordar que yo lo elegí así.
Si no hubiesen inventado el día de los enamorados, hoy no hubiese fantaseado tanto.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Que se yo...


Mirando mi vida por encima de mi hombro, veo que la lucha fue una actividad constante. Sé que no siempre jugué limpio, sé que a alguien habré traicionado sin querer o queriéndolo… No lo sé.
Pero aún no existe la persona que pueda decirme que bajé los brazos, que no lo intenté, que no lo soñé…
Creo que si me gusta tanto la soledad es porque ella siempre fue leal conmigo, fue la única y privilegiada testigo de mis esfuerzos, logros y fracasos.
Sé que soy fuerte, pero en días como hoy me siento algo cansada y me seduce la idea de dejar de poner el pecho a cada cosa y tomar una postura más artificial.
Yo se amar a un hombre de la manera mas sana y simple. Sé defender a la gente que quiero y cuidar de ella. Lo que nunca aprendí fue salvarme a mí, defenderme a mí y cuidar de mí.
Tal vez fue porque creí que alguien haría ese trabajo, pero cuando te ven tan fuerte y tan grande y tan poderosa y tan irrompible… creen que no necesitas atención, porque nada te hace mal, nada te hiere, nada te golpea el corazón.
Pero nada tarda muchos años en llegar y mi calma está llegando; y viene un poco triste y desilusionada.
Tal vez mañana despierte repitiendo por lo bajo: “Empecemos de nuevo”.
O tal vez grite un adiós que llame la atención de alguien.
No lo sé, nunca se sabe conmigo.